Si tu restaurante está en un sitio muy caluroso… plantéate estas ideas

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Yo no sé tú, pero eso de ir a Cádiz, o a Madrid, ponerse a comer en una terraza, y que tengas un montón de calor porque es verano… yo no lo soporto, lo odio, porque vengo de Cádiz y me gusta el sol, pero no morirme de calor a las 3 de la tarde intentando comer con mis colegas o mi padre.

PERO un día fui a un restaurante donde me sentí genial, a pesar de ser verano. Si tienes un restaurante, prueba estas ideas para no perder clientes en verano:

 

Sombra, lo ideal en verano

Cuando te montas un espacio donde el sol pega fuerte, la sombra deja de ser un detalle y se convierte en lo que manda. Un sitio con buena sombra hace que te quedes sin pensar en el calor, que no estés todo el rato buscando el mejor ángulo para no achicharrarte y que puedas disfrutar de verdad del momento sin estar incómodo.

Porque cuando estás a gusto, te relajas más, te mueves menos, te sientas mejor y hasta te apetece quedarte mucho más tiempo. En cambio, si no hay sombra, estás con el “me voy ya” en la cabeza desde el minuto uno, aunque el sitio sea bonito.

En verano esto se nota mucho más porque hace mucho calor, y tener esto en cuenta puede ser la solución (ya sea con sombrillas o pérgolas). Es bastante simple: cuando estás cómodo, repites. Y cuando no, no vuelves. Así de sencillo.

 

Cerramientos para terrazas en verano

Hay restaurantes que en verano sufren muchísimo porque su terraza depende totalmente del clima. Y esto es un problema bastante típico, porque en cuanto llega julio o agosto, hay sitios donde es imposible sentarse.

Pero si hay cerramientos bien hechos, es diferente: con cristales, techos móviles o estructuras que puedas sacar durante del día, bueno, el calor se puede controlar mejor porque lo primero que haces es cubrirte del sol y ponerte sombra, que es algo indispensable.

Los expertos de Cerramientos Marzai, especialistas en cerramientos de cristal, techos y pérgolas bioclimáticas en Alicante, nos explican que hay que controlar tres cosas: luz, aire y temperatura. Dicen que controlando estras tres cosas, el sitio ya se siente diferente, más fresco, aunque haga muchísimo calor, y ya no tienes que elegir entre estar a gusto o sentarte fuera, porque las dos cosas encajan son perfectamente viables.

Lo típico es usar sistemas que se pueden abrir o cerrar según el momento del día. Al mediodía se puede cerrar más para quitar el sol fuerte y por la tarde se abre para que entre aire y refresque un poco. Parece un detalle pequeño, pero cambia totalmente cómo se está en la terraza.

Se nota un montón en verano, porque la gente puede seguir sentándose fuera sin pasarlo mal con el calor.

 

Horarios flexibles y carta adaptada al calor

A la hora de comer fuerte, con mucho calor, el cuerpo te va a no pedir lo mismo que en invierno. Por eso, cuando comemos, solemos buscar cosas más frías, como gazpacho o ensalada.

Cuando un restaurante ajusta un poco los horarios o mete opciones más frescas en las horas más duras, se agradece No hace falta cambiar toda la carta, no te líes tanto, es más bien pensar qué apetece de verdad cuando hace calor y el cuerpo está un poco más apagado.

Otra cosa es meter cosas sencillas, frescas, que no te dejan lleno de más ni con esa sensación de estar agotado después de comer. Así podremos disfrutar mejos de la comida y seguir el día sin esa bajona típica del calor.

 

Materiales frescos en mesas y sillas que no retienen calor

Sentarse en una silla que quema es de las peores sensaciones del verano, y te arruinan el todo en un momento. Puedes tener una terraza bonita, buena comida y todo, pero si te sientas y notas el calor del material, ya estás incómodo.

Cuando un restaurante elige materiales que no acumulan tanto calor, como madera bien tratada, tejidos ligeros o superficies que no se ponen hirviendo con el sol, te puedes sentar sin pensar en “me estoy quemando”. Y eso, en verano, es importantísimo.

También influye mucho los colores y las texturas. Hay materiales que absorben menos calor, y si absorven menos calor y se calientan menos, aunque haga mucho sol, no va a estar tan caliente como otros materiales que no aislan el calor.

Si vas a un sitio y estás cómodo, te quedas más tiempo, y entonces todo va bien. Si estás bien sentado y no estás sufriendo el calor, todo lo demás fluye mucho mejor.

 

Zonas interiores frescas que salvan el servicio cuando fuera no se puede estar

Hay días de verano donde la terraza directamente no se puede usar porque hace demasiado calor o el sol pega tan fuerte que estar fuera es imposible. En esos casos, el interior del restaurante pasa a ser lo importante, porque ahí se decide si se quedan o se van.

Cuando pasa eso, lo diferencia es el interior. Si al entrar se nota un ambiente fresco y agradable, aunque no sea frío, el cliente lo agradece y se queda. No hace falta que el sitio esté helado ni nada exagerado, solo que la temperatura sea estable y cómoda. Con eso ya se puede comer tranquilo sin estar pensando en el calor de fuera.

También ayuda mucho cómo está repartido el aire dentro del local. Si no hay zonas donde se acumule el calor y todo está más o menos equilibrado, el sitio se siente mucho más ligero. Y al final, cuando entras y te sientes bien desde el primer momento, la experiencia mejora sola. No hay esa sensación de agobio y todo fluye mejor durante la comida.

 

Toldos y protección solar avanzada

Da igual lo bonito que sea el sitio o lo buena que esté la comida, porque el calor te saca del momento de allí. Cuando hay toldos bien puestos, la cosa se siente diferente. No hablo de cualquier cosa que cubra un poco y ya está, hablo de sistemas profesionales que realmente bloqueen el sol.

También te diría que le prestes atención a los toldos ajustables cuando estés eligiendo un sitio o incluso si estás pensando en montar algo. No es lo mismo una sombra fija que una que se adapta según el sol. A media mañana puede ir bien de una forma, al mediodía tienes que cambiarla sí o sí, y por la tarde otra vez. Si tienes esa flexibilidad, te ahorras estar moviéndote todo el rato buscando el único sitio donde no te achicharras.

Otra cosa que te recomiendo es fijarte en cómo se reparte la sombra. Cuando está bien pensada, el espacio se siente mucho más cómodo. No hay gente apilada en una esquina buscando protección, no hay carreras por la mejor mesa, todo está más tranquilo. Y eso se nota en el ambiente, porque la gente está más relajada y se queda sin tanta prisa.

También mira bien el material del toldo. No todos funcionan igual y eso cambia mucho la sensación. Algunos retienen demasiado calor y al final estás debajo de algo que no refresca nada. En cambio, cuando está bien elegido, el aire debajo se nota más ligero y el espacio es mucho más agradable desde el primer momento.

Si te fijas en estos detalles, vas a notar rápido qué sitios están pensados para verano de verdad y cuáles solo “tapan el sol” sin más.

 

Experiencias nocturnas que hacen que el verano sea el mejor momento del día

En las noches hace menos calor, el aire se mueve mejor y te sientes mucho, pero que MUCHO menos. De hecho, es el momento en que decidimos salir de casa y dar un paseo, así que tienes que aprovecharlo sí o sí.

Fíjate en cómo se siente el ambiente cuando alguien llega a tu restaurante por la noche. Si notas que todo está tranquilo pero con vida, vas bien. No hace falta que sea ni lento ni acelerado, sino un punto medio donde la gente se pueda sentar sin esa sensación de prisa o de agobio desde el primer minuto.

La iluminación juega muchísimo a tu favor o en tu contra. Si la pones demasiado fuerte, rompes totalmente el ambiente de verano y parece que sigues en pleno día. Si te quedas corto y lo dejas demasiado oscuro, incomoda porque la gente no ve bien. El truco está en encontrar una luz suave que acompañe sin molestar y haga que el sitio se sienta cómodo sin pensarlo.

El sonido también lo tienes que cuidar bastante. No puedes dejarlo al azar. Si el local se vuelve un caos de ruido, la gente no se entiende y se agobia. Pero si está demasiado vacío de sonido, también se siente raro. Lo ideal es que la gente pueda hablar normal, sin levantar la voz, con ese fondo de ambiente que da vida pero no estorba.

El ritmo del servicio es otro punto que tienes que tener en cuenta sí o sí, porque si todo va con prisas, el cliente lo nota y se va antes. Si todo va demasiado lento, también desconecta. Lo que mejor funciona es un servicio fluido, sin tensión, donde la gente pueda pedir algo más sin sentir que está molestando o que tiene que irse rápido.

Y algo importante: aprovecha la noche de verdad. Es el momento donde tu terraza puede funcionar mejor. Si sabes gestionar luz, sonido, ritmo y ambiente, ese espacio que durante el día cuesta mantener vivo, por la noche puede convertirse en tu mejor momento del día sin cambiar casi nada del local.

 

Consejos clave para que tu restaurante funcione mejor en verano por la noche

Primero, cuida la luz como si fuera parte del menú. No la pongas ni fuerte ni improvisada, mejor suave y repartida, porque eso hace que la gente se sienta cómoda sin darse cuenta.

Después, revisa cómo está el flujo del aire en la terraza o interior. Si el aire se queda parado, el calor se acumula y la gente se va antes. Ventiladores bien colocados o sistemas que muevan el aire sin molestar ayudan más de lo que parece.

Otro punto importante es el ritmo del servicio. Mantén un equilibrio claro: ni correr ni ir lento sin sentido. La gente quiere sentir que está bien atendida, pero también que puede relajarse y quedarse un rato.

La carta también juega un papel grande. En verano por la noche funciona mejor lo ligero, lo fresco y lo fácil de compartir. No hace falta cambiar todo, solo ajustar lo que más se pide en esas horas.

El espacio también importa mucho. Evita zonas donde la gente se acumule o se sienta apretada. Cuanto más fluido esté el movimiento, más cómoda es la experiencia.

Y bueno, por supuesto, no ignores la terraza de noche. Ese es el momento fuerte del verano. Si la gestionas bien, puede ser el turno donde más rendimiento tienes sin hacer grandes cambios en el local.

 

Cosas que no deberías hacer si quieres que tu restaurante funcione en verano

Uno de los más comunes es dejar la iluminación mal ajustada, porque usar la luz demasiado fuerte o mal distribuida hace que la gente no disfrute el ambiente y se sienta fuera de lugar.

Otro fallo es no controlar el calor en terrazas o interiores. Si el espacio no tiene ventilación o protección, la gente no aguanta sentada mucho tiempo, aunque la comida sea buena. El calor va a ser tu peor enemigo si no haces algo al respecto.

También es un error ir con prisas en el servicio por querer rotar mesas rápido. Eso puede parecer buena idea, pero en realidad hace que la gente se vaya antes y no vuelva con ganas.

Otro punto importante es no adaptar la carta al verano. Mantener platos muy pesados en horas de más calor hace que la experiencia sea más lenta y menos agradable.

Y por último, ignorar la noche es un fallo grande. En verano la noche es el mejor momento del día en un restaurante. Si no lo aprovechas, estás perdiendo la parte más fuerte de la temporada sin darte cuenta.

 

¿Tienes un retaurante? Anticípate al verano

Aún estás a tiempo de ponerle remedio, solo es abril. Pero cuando llegue mayo, ¡junio!, ya será demasiado tarde, porque el sol vendrá con mucha fuerza. ¡Actúa ya!

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