Cómo ahorrar costes en la reforma de tu hogar sin destrozar la calidad

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Cuando decides reformar tu casa, sabes que te va a costar dinero. Lo tienes claro desde el principio. Pero una cosa es invertir en algo necesario y otra es que el presupuesto se dispare sin control. Hay quien empieza con una idea más o menos razonable y termina con el doble de gasto, dolores de cabeza y resultados que no valen lo que han costado. ¿Se puede evitar eso? Sí. ¿Requiere tiempo, organización y cabeza fría? También.

Ahorrar en una reforma no significa hacerla con prisas ni usar materiales cutres. Va más de saber dónde tiene sentido recortar, cuándo vale la pena pagar un poco más y cómo evitar errores que, por pequeños que parezcan, pueden salirte muy caros. Aquí vas a ver cómo se puede hacer, sin renunciar a que tu casa quede bien y sin sentir que te han tomado el pelo.

 

Planifica todo desde el principio

La mayoría de los sobrecostes en una reforma no vienen de imprevistos inevitables, sino de cambios de última hora. Gente que empieza con un presupuesto cerrado y luego dice “ya que estamos, vamos a mover también esta pared”, o “mejor cambiamos todo el suelo del pasillo”, o “he visto una grifería nueva que me gusta más”. Y claro, todo eso suma.

Antes de empezar, dedícale tiempo al proyecto. Mira ejemplos, compara ideas, pide opiniones. No se trata de hacer un plano con AutoCAD tú mismo, pero sí de tener claro lo que quieres y lo que no. Una reforma no se improvisa cada semana. Cuanto más definido tengas el plan, menos decisiones tendrás que tomar con prisas, y menos posibilidades hay de que suba el precio.

También es clave saber de antemano si vas a necesitar licencias, si tienes que pedir permiso a la comunidad, o si afecta a instalaciones generales del edificio. No lo dejes para el último momento, porque si te paralizan la obra a mitad, no solo te genera retraso, también encarece todo.

 

Compara presupuestos, pero no solo por el precio final

Es normal pedir varios presupuestos. Lo raro sería no hacerlo. Pero compararlos solo por el número final no sirve. Uno puede parecer mucho más barato a primera vista, pero estar incompleto. El otro puede incluir más partidas desde el principio, aunque parezca más caro. La clave está en leer bien lo que pone y fijarte en los detalles.

Asegúrate de que cada presupuesto te indica los mismos trabajos, los mismos materiales y el mismo alcance. Si uno incluye pintar, cambiar ventanas y renovar fontanería, y otro solo habla del baño, la comparación no vale. Además, hay que tener cuidado con las partidas genéricas. “Reforma completa de cocina” no dice nada si no se especifica qué incluye: ¿encimera?, ¿azulejos?, ¿electrodomésticos?, ¿instalaciones?, ¿demoliciones?

Pide que te detallen todo. Y si algo no lo entiendes, pregunta. No es tu obligación saberlo. Pero tampoco firmes nada si no lo tienes claro. Un buen profesional te explica lo que significa cada cosa sin hablarte como si fueras tonto.

 

Elige materiales con cabeza, no con impulso

Este punto es más importante de lo que parece. Una de las formas más sencillas de recortar costes es jugar con los materiales. Y no hace falta irte a lo más barato del almacén. Hay marcas que ofrecen buena calidad sin nombres rimbombantes, acabados más sencillos que se ven igual de bien y opciones que cuestan la mitad solo porque no están de moda.

Por ejemplo, los suelos porcelánicos están de moda y son resistentes, pero hay gamas económicas que funcionan igual de bien que las más caras. Lo mismo pasa con los azulejos, los sanitarios o los muebles de cocina. Muchas veces pagas más por el diseño que por la durabilidad.

Otro truco útil: mezcla materiales según la zona. En una pared principal del salón puedes invertir un poco más, y en otras usar pintura lisa. En el baño, puedes alicatar hasta media altura y el resto dejarlo en pintura antihumedad. Esos detalles, si se piensan bien, no solo ahorran, también dan personalidad a la reforma.

 

Evita cambios estructurales, si puedes

Tirar tabiques o mover estancias suena bien sobre el papel. Cambia la distribución, se gana espacio, mejora la luz. Pero casi siempre encarece la obra. No solo porque hay que demoler y retirar escombros, sino porque implica mover enchufes, tuberías, puntos de luz y, en muchos casos, tener que pedir nuevas licencias.

Si estás en una vivienda con distribución decente, plantéate hacer pequeños ajustes en lugar de grandes transformaciones. A veces, cambiar una puerta de sitio o abrir un hueco tipo ventana entre cocina y salón consigue el mismo efecto por mucho menos dinero. No hace falta derribar media casa para que se vea más amplia.

 

Habla con profesionales que se adapten a tu presupuesto

Este punto lo explican bien desde el estudio de arquitectura técnica Fernando Antón. Ellos insisten en que la clave no es solo ajustarse al presupuesto, sino hacerlo con orden y realismo. Si desde el principio se define cuánto puedes gastar, se puede organizar la obra en fases o priorizar lo esencial sin renunciar a un buen resultado.

Según comentan, muchos propietarios piden un diseño de reforma muy completo y luego intentan recortar sobre la marcha, lo cual genera frustración. Lo que proponen es hacerlo al revés: partir de lo que uno puede gastar e ir distribuyendo ese dinero según las necesidades reales. En vez de tener la cocina de revista, pero no poder terminar el baño, es mejor tener ambas cosas bien resueltas, aunque sin lujos.

También recomiendan dejar un margen de entre un 10 y un 15 % para imprevistos. Porque por muy bien que se planifique, siempre puede aparecer algo inesperado al levantar suelos o abrir paredes. Si ese margen ya está previsto, no te pilla por sorpresa y no tienes que dejar cosas a medias.

 

Aprovecha lo que ya tienes, si está bien

No todo hay que cambiarlo. Hay elementos de la casa que pueden mantenerse si están en buen estado o si se pueden actualizar sin sustituir. Por ejemplo, hay puertas que solo necesitan un buen lacado para parecer nuevas. O ventanas que, si aíslan bien, pueden conservarse y solo se les cambia la maneta o se pintan.

También se pueden reaprovechar muebles si se adaptan al nuevo espacio. Hay empresas que hacen encimeras nuevas sobre estructuras ya existentes, o frentes nuevos para armarios empotrados que ya están bien colocados. Todo eso recorta bastante el presupuesto y evita generar más residuos de los necesarios.

Y si hay piezas antiguas que tienen algo especial —una baldosa hidráulica, una puerta de madera maciza, una barandilla de forja—, plantéate integrarlas en el nuevo diseño. No solo es una forma de ahorrar, también le da un toque distinto a tu casa sin caer en cosas artificiales.

 

No hagas obras en la época más cara del año

Poca gente habla de esto, pero también influye en el precio: la época en la que haces la obra. Hay meses en los que todos quieren reformar: justo antes del verano o en septiembre. Ahí los profesionales están saturados, hay más demanda, y los plazos se alargan. En cambio, hay temporadas más tranquilas (como enero, febrero o parte de otoño) donde los precios son más negociables y puedes encontrar más disponibilidad.

Además, hacer la reforma en temporada baja permite que los trabajos vayan más seguidos y que se aprovechen mejor los días de obra. No te lo tienes que tomar como un dogma, pero si tienes margen para decidir cuándo empezar, piénsalo bien. El ahorro puede notarse.

 

Controla tú mismo el seguimiento, aunque no seas experto

Aunque contrates a alguien para que gestione la reforma, tú también tienes que estar pendiente. No se trata de desconfiar, pero sí de implicarte. Ver cómo van las cosas, revisar que se cumplan los plazos, comprobar que los materiales que llegan son los que has elegido, etc.

A veces, por comodidad o por no molestar, dejamos todo en manos del responsable de obra. Pero eso puede ser un error. Pequeños fallos sin mala intención pueden pasarse por alto si no estás atento: una grifería mal colocada, una pared que se pinta del color equivocado, una instalación que no está donde pediste… Corregirlo después cuesta más tiempo y dinero que pararlo a tiempo.

Si te resulta muy complicado ir a diario, al menos acuerda revisiones periódicas con el equipo. Y mantén toda la comunicación por escrito. Así, si surge algún malentendido, tienes cómo aclararlo.

 

Elige bien lo que puedes hacer tú… y lo que no

Hay quien intenta ahorrar haciéndolo todo por su cuenta. Y a veces sale bien. Pero otras, no. Pintar tú mismo una pared no es lo mismo que intentar poner azulejos sin tener ni idea. Hay cosas que puedes hacer tú y te ahorran bastante: desmontar muebles, retirar escombros, pintar habitaciones sencillas… Pero otras, como instalar fontanería, electricidad o suelos, mejor dejarlas en manos de profesionales.

 

Ahorrar sin caer en lo barato que sale caro

Al final, lo que se busca es que tu casa quede bien y no te deje la cuenta temblando. Pero no te engañes: ahorrar no siempre es lo mismo que pagar poco. Hay cosas que cuestan un poco más, pero duran el triple. Hay profesionales que cobran un poco más, pero hacen las cosas bien desde el primer día. Y hay decisiones que, si las piensas con calma, evitan errores que luego se arrastran durante años.

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