El dilema de la piscina

Neglected Pool

A la hora de revalorizar una propiedad en el mercado inmobiliario, de nuevo con brotes verdes pero todavía sin reestablecer por completo su vitalidad previa a la crisis, la instalación de una piscina constituye un interesante recurso. Pero, ¿qué piscina elegir? ¿Una prefabricada de poliéster como las que oferta en su catálogo Piscinas DTP o, en cambio, una piscina de obra? Cada una de ellas posee una serie de ventajas e inconvenientes, por los que es necesario sopesar bien las características del terreno, la funcionalidad que le queremos dar a la piscina y el desembolso de capital que se desea soportar.

En principio, por supuesto, independientemente de la decisión que se adopte, el propietario debe confiar el proyecto a una empresa especializada y con un amplio bagaje de experiencia en construcción con el objetivo de evitar futuros e innecesarios dolores de cabeza. La calidad de los materiales y la eficiencia del trabajo de los operarios es la mejor garantía de resistencia y disfrute en ambos casos. Dejando aparte esta ineludible premisa inicial, el cliente debe plantearse con claridad cuáles son sus necesidades y qué es lo que quiere conseguir con la piscina, puesto que, por lo general, tanto las piscinas prefabricadas como las de obra han ofrecido buenos resultados durante su larga trayectoria en el mercado –otro aval de confianza- y tan solo se diferencian en pequeños detalles -aunque quizás providenciales, según cada caso-.

De este modo, hay que decir que las piscinas prefabricadas de poliéster suelen destacar por lo asequible de sus precios, que en función del modelo escogido pueden suponer un ahorro de hasta el 20 % respecto de las de obra. A juego con esta economicidad en los costes, la instalación de las piscinas prefabricadas acostumbra a efectuarse en un corto plazo de tiempo y con mayor limpieza gracias a la menor incidencia ambiental de los materiales requeridos. No obstante, su ligereza en la instalación no supone un gran cambio respecto a las piscinas de obra, cuya instalación no es en modo alguno dilatada. Con todo y ello, Piscinas DTP, experta en el campo de las piscinas de poliéster, asegura que sus profesionales pueden montar una piscina en tan solo tres días; lo que supone una diferencia notable, asegura, en comparación con los “20 días como media que se suele tardar en una piscina de obra, o los 10 días para una piscina liner”. Asimismo, la empresa manchega insiste en las ventajas que las piscinas de poliéster gozan en cuestión de mantenimiento con motivo de la ausencia de junturas que puedan deteriorarse, a la suavidad de la superficie que ofrece el material y a la estanqueidad del casco de la estructura, garantizada en diez años. Por el contrario, esta opción también posee su ración de inconvenientes, los cuales se refieren en especial a las limitaciones de forma y dimensiones que arrojan los modelos disponibles en la mayoría de catálogos. Dado su carácter prefabricado, este tipo de piscinas no pueden adaptarse al espacio disponible, sino que es el espacio disponible el que se debe adaptar a ellas. En cuanto a la demanda de mayor tamaño, el problema consiste en las dificultades logísticas que implica el transporte de semejante pieza. En cualquier caso, una solución parcial al problema consiste en la adhesión de espacios complementarios a la piscina principal, como piscinas infantiles, jacuzzis o spas.

La completa libertad para diseñar el tamaño, la forma y la posición de la piscina es, por su parte, la ventaja más evidente que aportan las piscinas de obra, capaces de recubrir cualquier espacio disponible a petición del propietario y tras la correspondiente discusión con los instaladores. De igual manera, las distintas aficiones del usuario también pueden influir en la calibración de la longitud o la profundidad de esta a piscina a medida, según prefiera nadar unos reconstituyentes largos o, en cambio, se decante por ensayar estéticas zambullidas desde un trampolín sobre una profundidad del agua lo suficientemente segura para ello. Por el contrario, el precio de las piscinas de obra suele ser parcialmente más elevado que el de las piscinas prefabricadas –del orden de un 10 % o un 20 % más-, mientras que la construcción de la misma acarrea un poco más de tiempo y que el proceso que conlleva puede ser un tanto más engorroso.

Sea como fuere, habiendo instalado una piscina prefabricada o construido una piscina de obra, cabe tener en cuenta que el mantenimiento posterior también contribuye a marcar la diferencia dentro de esta revalorización de la propiedad inmobiliaria. Y es que, de acuerdo con la información que recoge la web especializada infoconstrucción.com, y extraída de las jornadas de puertas abiertas de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores de Equipos y Productos Químicos Mantenedores y Constructores de Piscinas e Instalaciones Deportivas (Asofap), celebradas el pasado año en el Fira de Barcelona, el parque de piscinas privadas en España -segundo país de Europa y el cuarto del mundo en número de piscinas, con 1,1 millones-, destaca tanto por su gran dimensión como por su envejecimiento, ya que, explica la Asofap, “el 60 % de las piscinas españolas de uso privado tiene más de 10 años de antigüedad y su nivel de equipamientos y complementos es muy básico”. De ahí que una apuesta por la renovación y la innovación puede suponer un valioso incentivo en la tasación de una propiedad dentro de un mercado que, en los últimos tiempos, experimenta de nuevo una tendencia al alza.

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